Reconocemos que nos estamos ablandando. Las gastronotas tapiristas solían ser quejas o ironías. Ya la última que escribimos fue positiva. Y hoy vuelve a pasar.
La zona de Selva de Mar de Poblenou es una zona en transición. Todavía tiene ese aire de naves y talleres que tenía antes buena parte del Poblenou, aunque poco a poco se está transformando como el resto del barrio a base de edificios de oficinas, reforma de avenidas y nuevos bloques residenciales.
En ese espíritu todavía conserva bastantes restaurantes “de currela”, de menú peleón con lo básico y calidad desigual. Pero entre todos destaca una perla, en la esquina Selva de Mar / Cristófol de Moura: el Siberia.

La estética como se puede ver es la habitual. Edificio de aquellos tiempos, toldo verde, mesas apretadas por todas partes… aunque algún toque de decoración moderna ya da alguna pista que algo no es lo habitual.
Y donde se aprecia es en el menú. Aparte de la oferta habitual de platos de escalope, bistec o butifarra, ves que aparecen cosas como una fideuá de rabo de toro. O un jamón al horno con reducción de miel. O los viernes unos mejillones a la marinera que vienen con su cazuelita y todo. Y es que aquí se cocina básico o básico con un extra y con una calidad excelente. Porque incluso si no quieres experimentar y te vas a la butifarra o el bistec, también te encontrarás con que la calidad es fuera de lo habitual de un menú “de batalla”, tanto en el producto como en la elaboración.
No hay trampa tampoco ni en un precio desorbitado ni en raciones reducidas. Sigue siendo un menú con las necesidades calóricas de alguien que da el callo de verdad en Poblenou. Y aunque los que ya nos hemos acostumbrado a comer menos salimos rodando, tampoco es de los menús que te pasas la tarde sufriendo con la digestión. Ni sales oliendo a fritanga, que también es un detalle.
De todo lo demás no hay mucho que destacar. Gama de postres habituales, pero también muy cuidados, bebidas las normales de un menú, bocatas quizás poca variedad… No hemos hecho la prueba de pedir un bocata de queso a ver qué pasa.
Y nos queda el misterio del nombre y de dónde procede. Aunque nos parece perfecto, dado nuestro humor básico, para poder hacer la broma de “pues vete a Siberia”. En definitiva, un lugar que pasando por allí jamás nos habríamos fijado pero que merece mucho la pena, de hecho mucho más que la restauración “sofistiqué” del Poblenou que se ha gentrificado.