En 1891 nacía en St. Gallen, Suiza, Paul Grüninger. Tras una infancia y juventud típicas y jugar semi-profesionalmente al fútbol en el SC Brühl, en 1919 se alistó a la policía. Llegados los años 30 Grüninger había ido ascendiendo y era el comandante de la policía del cantón de St. Gallen. Su vida podría haber sido corriente y anónima, ocupándose de un cantón fronterizo con Austria donde lo más grave que pasaba era la detención de algún contrabandista, pero la Historia le puso en el centro de una tragedia y un problema de conciencia.

Paul Gruninger con su uniforme de la Policía suiza

En 1938 tenía lugar el Anschluss. Austria pasaba a formar parte del Reich y su población judía se vio atrapada en el horror nazi. Mucha gente se preparó para huir a Suiza por la frontera de St. Gallen, pero las autoridades suizas decidieron que no podían aceptar refugiados y cerraron la frontera.

Miles y miles de personas, familias enteras, quedaron así atrapadas en la frontera y con un grave riesgo para sus vidas. Grüninger tenía que tomar una decisión: cumplir las órdenes o comportarse humanamente. Grüninger optó por lo segundo.

El problema era que Grüninger no podía simplemente dejar libres a los refugiados o dejarles pasar. Hacía falta trampear la burocracia. Decidió falsificar sellos de entrada para que en el pasaporte de los refugiados figurara que habían cruzado la frontera antes de marzo de 1938, cuando Suiza cerró la frontera. Igualmente había que reajustar los registros de entrada para que cuadraran las cuentas. Con estos papeles modificados los refugiados judíos podían así ya ser trasladados al campo de acogida de Diepoldsau a la espera de un permiso de residencia o de un visado a otro país.

Paso fronterizo de Hohenems, 1940

Y con cada vez más refugiados llegando, Grüninger se implicó aún más. Pagó de su bolsillo ropa de abrigo a personas que llegaban con lo puesto. Y llegó a organizar operaciones para que recuperaran bienes valiosos que habían dejado al otro lado de la frontera por temor a confiscaciones.

Una de estas operaciones fue precisamente la perdición de Paul Grüninger. Una mujer había dejado sus joyas en un hotel en Bregenz, Austria y pidió ayuda a Grüninger para recuperarlas. Grüninger habló con su contacto en el consulado suizo de Bregenz, Ernest Prodolliet, que empezó a hacer los preparativos. Hasta aquí todo habría ido bien, pero por desgracia la dueña de las joyas no pudo resistirse a explicar en una carta a sus familiares en Viena que “un maravilloso capitán de la policía suiza llamado Paul Grüninger le iba a ayudar a recuperar sus joyas”. La Gestapo interceptó la carta en un control rutinario de correspondencia y detuvo al dueño del hotel. Acto seguido las autoridades nazis presentaron una protesta formal al Gobierno Suizo.

El Gobierno abrió una investigación en enero de 1939 que se alargó casi dos años. La sentencia llegó en marzo de 1941 y el tribunal consideró que Grüninger era culpable de faltar a su deber y de falsificar documentación. Fue expulsado de la Policía, multado y se quedó sin derecho a recibir pensión, aunque el tribunal reconocía sus “motivos altruistas”. Esos “motivos altruistas” habían salvado la vida de 3600 personas.

Tras probar diversos empleos y con las dificultades de tener antecedentes, Grüninger consiguió una plaza de profesor de primaria en Au. Pero no fue olvidado por las personas a las que había salvado, que intentaron todo para que se reconociera la labor de Grüninger y se le rehabilitara. En un intento de hacer público su caso, la prensa hizo una entrevista a Grüninger en 1954, en la que declaró esto:

“No me siento avergonzado del veredicto del tribunal. Por el contrario, estoy orgulloso de haber salvado las vidas de centenares de personas oprimidas. Mi ayuda a los judíos tuvo sus raíces en mi perspectiva cristiana del mundo… Básicamente se trataba de salvar vidas humanas que estaban amenazadas de muerte. ¿Cómo podía en ese caso considerar seriamente planes y cálculos burocráticos? Por cierto, yo superé intencionalmente los límites de mi autoridad y a menudo con mis propias manos falsifiqué documentos y certificados, pero sólo lo hice para permitirles a esas personas perseguidas el acceso al país. Mi bienestar personal, en comparación con el cruel destino de esos miles de seres humanos, era tan insignificante y poco importante que nunca lo tuve en consideración”.

Grüninger en sus últimos años de vida

Las autoridades suizas siguieron hiciendo caso omiso a la situación de Grüninger. En 1971 Yad Vashem le concedió el título de Justo entre las Naciones. Al menos un reconocimiento llegaba a tiempo. El 22 de febrero de 1972 Paul Grüninger fallecía en St. Gallen. Y tarde, muy tarde, en 1993 por fin se reabrió su caso en los tribunales suizos. En 1995 y en la misma sala donde había sido juzgado 55 años antes, Paul Grüninger quedó absuelto de todos los cargos, y un año más tarde exonerado por el gobierno. El estadio del SC Brühl, el equipo en el que Gröningen jugó de joven, lleva hoy su nombre, así como el puente del paso fronterizo.

Paso fronterizo de Hohenems hoy en día