En 1944 la Segunda Guerra Mundial parecía distar mucho de acabar, así que los planes de desarrollo de nuevas tecnologías y armas seguían a pleno rendimiento. La Marina de Estados Unidos necesitaba un avión torpedero más potente y esto llevó al desarrollo del prototipo de un nuevo avión, el XBT2D-1.

El XBT2D-1 hizo su primer vuelo el 18 de marzo de 1945. Para cuando se habían completado las pruebas la Segunda Guerra Mundial había terminado pero la Marina consideró que el avión cumplía sus expectativas y se ordenó su fabricación. En diciembre de 1946, tras adoptar el nombre de servicio A-1, se entregaron las primeras unidades al escuadrón VA-19A.

El A-1 no llegó a tiempo a la Segunda Guerra Mundial, pero no tardó en tener uso. En 1950 estallaba la Guerra de Corea y a pesar de que ya se había iniciado la era de los cazas a reacción, la fiabilidad y capacidad del A-1 hicieron que tuviera un papel muy activo en la guerra y que la Marina decidiera conservarlo mientras se desarrollaban aviones a reacción que pudieran al menos equipararlo. Y fue una decisión providencial, ya que no mucho después Estados Unidos se vio implicado en otra guerra donde las capacidades no convencionales del A-1 serían cruciales.

En 1964 estallaba la Guerra de Vietnam y Estados Unidos se encontraba ante un nuevo reto: enfrentarse a un enemigo pequeño que contaba con un terreno en el que ocultarse. La USAF había asumido tras la Segunda Guerra Mundial que el futuro eran los cazas a reacción y que la siguiente batalla sería contra la enorme masa de efectivos de la Unión Soviética. Así que de repente se encontraron con la misión de bombardear pequeños recuadros de jungla a la velocidad supersónica y altitud de servicio de un F-4 Phantom o un F-105 Thunderchief. Por no hablar de cuando las cosas empezaron a torcerse y era necesario apoyar a los helicópteros de rescate que iban a por pilotos derribados y lo único que podía ofrecer la USAF era un Phantom volando diez minutos por el área y a 1000 pies.

Y entonces alguien se acordó de algo supuestamente obsoleto, anacrónico y anticuado.

La USAF solicitó de urgencia a la Armada la cesión de algunos A-1. Tan rápido fue el proceso que en los primeros meses estos A-1 de la USAF siguieron operando pintados con el color blanco de la Armada. No sería hasta meses después que empezarían a usar el esquema de pintura de camuflaje estándar de la USAF.

El A-1 cumplió de sobras las expectativas. Podía lanzar ataques a ras de las copas de los árboles con una enorme variedad de armamento, pasarse horas sobre el campo de batalla en misión CAS (en inglés Soporte Cercano Aéreo) y soportar la lluvia de antiaéreos y armas de todo tipo que el Vietcong lanzaba contra cualquier avión americano. Se convirtió además en la estrella de las misiones Sandy, las operaciones de rescate de pilotos derribados, en las que los A-1 podían pasarse horas protegiendo y defendiendo a los pilotos hasta que llegaban los helicópteros de rescate.

Misiones tan complicadas y duras darían pie a varias situaciones heroicas, pero entre tantas destaca el inesperado rescate llevado a cabo por el Mayor Bernard Fisher.

Fisher nació en 1927 en California aunque pasó buena parte de su vida en Utah. Llegó a servir en la Armada brevemente al final de la Segunda Guerra Mundial. En 1951 se incorporó a la USAF para servir en el NORAD, la fuerza aérea destinada a la defensa de Estados Unidos. En 1965 se presentó voluntario para servir en Vietnam y se incorporó ya con el rango de Mayor en el 1er Comando Aéreo, con base en Pleiku, Vietnam del Sur.

El 1er Comando Aéreo era la sección de apoyo aéreo a las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos y en esos momentos usaba el A1-E, un modelo biplaza ya que originalmente la Armada lo usaba para misiones antisubmarinas, con un piloto y un bombardero. En las misiones de ataque a tierra de la USAF solo hacía falta un piloto, pero era el único modelo disponible en ese momento, así que la USAF decidió usarlo igualmente aunque el otro asiento era innecesario.

El 10 de marzo de 1966 Fisher despegó de la base de Pleiku comandando un grupo de cinco A-1E. La misión era ayudar en la defensa de un campo de las fuerzas especiales en el valle de A Shau que estaba siendo atacado por 2000 soldados norvietnamitas. Las nubes bajas forzaron a los A-1E a volar muy bajo y pronto tuvo lugar el desastre. El avión del Mayor Dafford Myers fue alcanzado e hizo un aterrizaje forzoso en la pista del campo. Fisher vio que Myers consiguió salir del avión y refugiarse en un terraplén.

Las fuerzas norvietnamitas estaban entre Myers y el contingente del campo. El helicóptero de rescate tardaría una media hora en llegar. Fisher miró el asiento vacío de su A-1E y tomó una decisión: aterrizar en la pista y recoger a Myers. Dirigiendo a sus compañeros para que le cubrieran, Fisher aterrizó a la máxima velocidad posible esquivando los restos del avión de Myers. Tras unos tensos instantes intentando localizar a Myers, Fisher lo vio trepando a una de las alas. Fisher lo agarró, lo metió en la cabina y despegaron. Al volver a la base vieron que el avión había recibido 19 impactos.

La heroica acción de Fisher no pasó desapercibida. Le fue concedida la Medalla de Honor del Congreso y el 19 de enero de 1967, justo al final de su servicio en Vietnam, viajó a Washington para la ceremonia.

Fisher volvió al NORAD, esta vez en Alemania Occidental, y más adelante de vuelta a Estados Unidos hasta que se retiró en 1974. Pasó el resto de sus días en Kuna, Idaho, hasta su muerte el 27 de abril de 2008.

El A1-E de Fisher siguió de servicio en Vietnam, pero no por mucho tiempo. En 1967 sufrió un accidente y quedó inutilizado.

Su destino habría sido la chatarra, pero tratándose del avión de un receptor de la Medalla de Honor del Congreso, fue rescatado y reparado. Hoy en día está en el Museo Nacional de la USAF en la Base Wright-Patterson, Ohio.